La despedida más sangrienta

4 May

despedida
Esta despedida es una de las que mejor recuerdo guardo. Lástima que sea una despedida de libro, de ficción. Simplemente tenía que ocurrir. Ella llevaba un tiempo distante y extraña. Cada dos por tres se ausentaba de casa con cualquier tipo de excusa. Su repentino interés por ir tan y tan arreglada no me había pasado desapercibido. Sé que intentaba disimular una felicidad que le rompía las costuras.

Que me matasen ese día, mientras leía una entretenida historia de enredos sentimentales era hasta una suerte para mí. Cómo me emocionaba releer las últimas secuencias. Se parecía muchísimo a lo que ya escribió Cortazar.

Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa.

¡Qué gran despedida y qué gran nuevo encuentro! Cuando a través de los ventanales intuí un refljo de metal a la par que llegaba a estas palabras mis resortes vitales saltaron de forma automática. Fue un golpe seco. Había girado de golpe los brazos de tercipelo y eso le sorprendió. El golpe que recibió ene sus rodillas acabó por desequilibrarle. A partir de ahí todo fue más fácil. La ausencia del mayordomo me permitió limpiar la moqueta tranquilamente y dejar todo en orden.

Ella sé que estará sufriendo y también sé que nada dirá. Como si nada de esto hubiese pasado. Pero yo… en esta discoteca Coyote, bajo los acordes cinematográficos de una simulación hollywoodiense estoy preparando, con qué facilidad trabaja a veces mi mente, una despedida definitiva.

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